Van Gogh pintaba como un niño, pero sus temas eran escandalosamente realistas. Retrataba su habitación, a sus amigos, naturalezas muertas de aparente no interés, inclusive hizo muchos autoretratos. Su estilo era indefinido, con trazos torpes, colores chillones. Pintaba lo que estaba a su alrededor. Copió como nadie a los girasoles, su ojo se posaba sobre aquello en lo que ningún otro artista reparaba. Quizá por eso fue tildado de “bicho raro” y nunca pudo ingresar al mundo de la fama ni ser reconocido por su trabajo, mientras vivía.
Curiosamente, luego de su muerte, sus cuadros fueron retomados y ensalzados de forma grotesca. El pintor que se pasó toda su vida esperando y deseando vender un cuadro y trascender, se había muerto en el anonimato, pero sus cuadros llegarían a venderse por millones. ¿Qué procesos hay detrás de estas operaciones? ¿Quién decide qué es arte y qué no lo es?

¿No causan acaso ternura estas imágenes? Aún una recuperación del cuadro original de Van Gogh de “Mi habitación en Arles” de 1889 continúa pareciéndose al dibujo o representación de apenas un niño, no hay perspectiva ni respeto de las formas. Si su obra fue tan duramente criticada por sus contemporáneos, ¿cómo es que luego los mismos críticos de arte la elevaron hasta lo más alto de la profesión? ¿Qué pasó en el medio?